En el inhóspito vacío en que vivimos
oigo siempre la pregunta:
¿por qué sentimos?
Mas yo, cansado, me pregunto…
¿por qué lo preguntamos?
Gritamos absurdos al vacío
para no sentir que nos ahogamos.
Ya no nos basta lo que vemos:
nos hemos vuelto ciegos
y ansiamos volver a mirar la nada.
Levantamos nuestro propio cuento de hadas
para mutar la realidad de este abismo;
yo solo la versiono a mi modo
con unos versos de mente cansada.
Quiero sentirme bien conmigo mismo,
no hacer un pleno con la vida,
sino, al menos, lidiarla.
Una vida arrancada a las paradojas
de mi mente, nunca explicadas:
no quiero que me enseñen qué es la gravedad,
solo que deje de retenerme la condenada.
Desvanecerme en el olvido
y, pese a todo, seguir existiendo;
asomarme al más allá
hasta que mi travesía concluya
y el aburrimiento
jamás me invada.
Quiero olvidar esta vida demacrada,
huir de este sin-vivir que se me enclava
como aguja oxidada:
la infección quedó marcada.
Nunca quise ser real, pero era mi sino,
mi condena enquistada;
nunca amé amar, mas odié odiar:
qué irónico lo mío.
Solo intento calmar mi alma marchitada,
vida de tristeza, amargura
y penitencia desmesurada…
No me queda otra:
ante todo esto, me río.
